El acero que reciclamos está más cerca de lo que imaginamos. Se encuentra a cielo abierto, repartido en las ciudades, y empieza en manos de quienes recorren las calles, separan materiales, empujan carros y reconocen el valor del metal con solo verlo.
De esto se trata el reciclaje urbano: rescatar materiales que ya están en las ciudades, como el acero, el cobre, el aluminio o las tuberías, para devolverlos al ciclo productivo en lugar de desecharlos.
Y cuando hablamos de acero, la cadena productiva empieza mucho antes de la planta: empieza con los recicladores de oficio, las personas que recuperan, separan y entregan el material que hace posible que uno de los metales más reciclados del mundo tenga una segunda, tercera y hasta una décima vida.
Una comunidad que crece con la industria
Antes de que la chatarra llegue a una planta siderúrgica, hay una red de recicladores, bodegas, chatarrerías y centros de acopio que la identifica, la separa y la pone nuevamente en movimiento. Gracias a su labor, materiales como latas, varillas, láminas y otras piezas metálicas pueden dejar de ser vistos como desechos para convertirse en chatarra ferrosa aprovechable para fabricar nuevos productos de acero.
Ese conocimiento también hace parte de la cadena: distinguir metales, calcular pesos, organizar rutas, clasificar el material y conectarlo con los puntos donde se acopia y prepara antes de llegar a la industria.
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Del andén a la planta de producción
La industria del acero en Colombia procesa cerca de un millón de toneladas de chatarra anualmente, lo que la convierte en la mayor recicladora del país, según la Cámara Colombiana de Productores de Acero de la ANDI.
En Ternium transformamos alrededor de 260.000 toneladas de chatarra al año en productos nuevos de acero. Cada tonelada que entra a nuestros hornos eléctricos representa, además de un avance en eficiencia energética y reducción de huella de carbono, el resultado del trabajo de cientos de personas.
Ese acero recuperado se convierte en barras corrugadas, perfiles y láminas de la más alta calidad que luego se encuentran en viviendas, puentes, colegios y hospitales. Dicho de otro modo: la chatarra que un reciclador recogió esta mañana puede ser, en cuestión de semanas, parte de la estructura de una casa nueva.
El acero es 100 % reciclable. Cada vez que vuelve al ciclo productivo, también se activa una cadena de sostenibilidad que conecta ambiente, personas y economía.
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La sostenibilidad también se construye en las calles
Cada vez que un horno funde chatarra en lugar de procesar mineral virgen, se ahorra energía, se reducen emisiones de CO₂ y se evita una nueva extracción del subsuelo. Esa es la fórmula ambiental de la economía circular.
Detrás del 98 % de chatarra reciclada hay manos que recogieron, separaron, cargaron y entregaron. El reciclaje urbano en Colombia funciona porque existe una red humana que decide, día tras día, convertir lo que otros consideran desechos en materia prima esencial para el desarrollo del país.
En Ternium creemos que el acero empieza mucho antes de la planta. Reconocer ese primer eslabón es confirmar que la sostenibilidad no se construye solo con tecnología, sino también con los oficios que se forjan en el día a día de las ciudades. Gracias a esa labor producimos el acero que hace fuerte a Colombia.